¿Cómo conseguir un corazón sabio según la Biblia?

¿Es posible disfrutar de la vida? A veces basta con una comida favorita, un momento con la familia o una buena siesta para sentirnos felices. Sin embargo, también sabemos que la vida es corta y está llena de imprevistos. Por eso conviene preguntarnos: ¿estamos utilizando bien nuestros días?

Moisés reflexionó sobre esta realidad en Salmo 90:10, donde habló de una vida de 70 u 80 años, marcada por dificultades y penas. Consciente de su brevedad, hizo una petición a Jehová: «Enséñanos a contar nuestros días» o, como indica la nota citada en el discurso, a usarlos bien, para conseguir «un corazón sabio» (Salmo 90:12). ¿Cómo podemos hacer nuestra esa petición?

¿Qué significa tener un corazón sabio?

Para entenderlo, primero debemos examinar dos expresiones bíblicas: corazón y sabiduría. La combinación de ambas nos ayuda a tomar decisiones que agraden a Jehová y nos beneficien.

El corazón: lo que somos por dentro

En la Biblia, el corazón se usa con frecuencia en sentido figurado. Éxodo 25:2 habla de contribuir voluntariamente «de corazón», y Éxodo 35:21 menciona a quienes se sintieron motivados por su corazón a llevar contribuciones para el tabernáculo. En ambos casos destaca la motivación: esa fuerza interior que nos impulsa a actuar.

El corazón también refleja emociones, sentimientos, deseos y actitudes. Salmo 39:3 describe un corazón que ardía en el interior; Juan 16:22 relaciona el corazón con la felicidad. Jesús se describió como «apacible y humilde de corazón» (Mateo 11:29), mientras que Proverbios 16:5 advierte contra el corazón orgulloso.

La Biblia también relaciona el corazón con los pensamientos. En Mateo 9:4, Jesús preguntó por qué ciertas personas pensaban cosas malas en su corazón. Filipenses 4:7 menciona juntos el corazón y la mente. Por tanto, el corazón figurado abarca nuestros motivos, pensamientos y emociones, que terminan influyendo en nuestras acciones.

La sabiduría: comprender y actuar

La sabiduría combina conocimiento, entendimiento y discernimiento para tomar buenas decisiones y llevarlas a la práctica. Imaginemos que esperamos un autobús en un día lluvioso. Distinguimos que se aproxima un vehículo y advertimos que viene demasiado rápido hacia nosotros. Comprender el peligro no basta: la decisión sabia es apartarnos.

Del mismo modo, conocer un principio bíblico no es suficiente si no lo aplicamos. Proverbios 2:6 señala la fuente de la verdadera sabiduría: Jehová, de quien vienen el conocimiento y el discernimiento.

¿Cómo conseguir la sabiduría que viene de Jehová?

Proverbios 2:1-5 utiliza expresiones que transmiten esfuerzo: aceptar, atesorar, prestar atención, inclinar el corazón, pedir entendimiento y buscar la sabiduría como un tesoro escondido. Jehová da sabiduría generosamente, pero nosotros debemos dedicar tiempo y energía a conocer su forma de pensar.

Conocer a Jehová y a Jesús de verdad

Juan 17:3 relaciona la vida eterna con llegar a conocer al único Dios verdadero y a Jesucristo. No se trata simplemente de saber sus nombres. Pensemos en las redes sociales: una persona puede tener muchos contactos y, sin embargo, conocer profundamente a muy pocos.

De manera parecida, conocer a Jehová implica profundizar continuamente en nuestra relación con él, comprender qué le agrada, cuáles son sus valores y qué espera de nosotros. La nota de estudio de Juan 17:3, comentada en el discurso, destaca precisamente esa idea de una acción continua.

También podemos aprender mucho de Jesús al leer los relatos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y al reflexionar en sus acciones: cómo trató a sus amigos, cómo respondió ante las tentaciones y qué consideró más importante. Como Jesús imitó perfectamente a su Padre, conocerlo mejor nos ayuda a conocer mejor a Jehová.

Aplicar lo aprendido, no solo acumular conocimientos

El conocimiento se convierte en sabiduría cuando guía nuestras decisiones. Esto resulta especialmente importante cuando sufrimos una decepción. Proverbios 19:2, 3 advierte que actuar sin pensar puede torcer nuestro camino y hasta hacer que nuestro corazón se enfurezca con Jehová.

Un dicho popular aconseja: «Vísteme despacio, que tengo prisa». Cuando nos apresuramos, podemos equivocarnos o lastimarnos. Algo semejante ocurre al reaccionar impulsivamente ante un problema: antes de actuar, conviene buscar la orientación bíblica.

Dos situaciones que ponen a prueba nuestro corazón

1. Cuando nos decepciona un hermano en la fe

Todos somos imperfectos. Eclesiastés 7:20-22 recuerda que nadie hace siempre el bien sin pecar y nos aconseja no tomar a pecho cada palabra que otros dicen. Es posible que alguien haga un comentario desafortunado sobre nosotros, pero también debemos reconocer que nosotros mismos podemos haber cometido errores parecidos.

Esperar perfección de nuestros hermanos no es realista. Evodia y Síntique, dos cristianas de Filipos, tuvieron diferencias personales y necesitaron consejo. Su experiencia recuerda que incluso quienes desean servir a Jehová pueden tener desacuerdos.

Aprender a mirar las cualidades

Si solo buscamos defectos, eso será lo que encontraremos. En cambio, si nos esforzamos por descubrir buenas cualidades, también las veremos. Pensemos en nuestra nariz: la llevamos delante todo el día, pero normalmente no prestamos atención a ella; en cambio, distinguimos con facilidad la nariz de los demás. Así puede ocurrir con nuestras propias faltas y las ajenas.

Un corazón sabio evita que una diferencia personal eche raíces y termine perjudicando nuestra relación con Jehová y la congregación. En lugar de concentrarnos en las imperfecciones de otros, procuremos apreciar sus cualidades.

2. Cuando nuestras expectativas no se cumplen

Los cristianos esperamos con anhelo el nuevo mundo prometido por Jehová. Pero a veces podemos preguntarnos cuánto falta. El discurso reconoce que los testigos de Jehová no somos inspirados ni infalibles y que, en ocasiones, se han tenido expectativas equivocadas sobre cuándo vendría el fin.

Jesús dijo: «Manténganse atentos, manténganse despiertos» (Marcos 13:33). Por eso, más importante que intentar calcular cuándo llegará el fin es mantener la convicción de que llegará. Habacuc 2:3 transmite confianza en el cumplimiento de lo prometido.

Proverbios 4:18 compara la luz con el resplandor que aumenta hasta el pleno día. Esta imagen ayuda a entender por qué puede haber ajustes en nuestra comprensión de las enseñanzas bíblicas. Cuando un cambio nos resulte difícil de aceptar, podemos pedir humildemente ayuda a Jehová y estudiar el asunto con paciencia.

En el discurso se menciona a un hermano de larga experiencia que destacó la importancia de mantener la actitud correcta ante esos ajustes. Recordaba las palabras de Pedro a Jesús: «Señor, ¿a quién nos iremos? Tú tienes dichos de vida eterna». Su reflexión invita a valorar lo que hemos aprendido de la Biblia.

Pedir sabiduría a Jehová en oración

¿Qué más podemos hacer para conseguir un corazón sabio? Santiago 1:5 ofrece una respuesta directa: si a alguien le falta sabiduría, debe pedírsela constantemente a Dios, quien la da generosamente y sin reproches.

Jehová conoce nuestras pruebas y circunstancias. Podemos acudir a él repetidamente, pedirle sabiduría y buscar en la Biblia los principios que nos ayuden a decidir. La oración y la aplicación de lo aprendido van de la mano.

Conclusión: usemos bien nuestros días

La vida pasa rápido, pero cada día ofrece oportunidades para tomar decisiones que agraden a Jehová. Conseguir un corazón sabio implica conocer mejor a Jehová y a Jesús, examinar nuestros motivos, buscar la sabiduría bíblica y aplicarla incluso cuando nos sentimos decepcionados.

Hagamos nuestra la petición de Moisés en Salmo 90:12: aprendamos a usar bien nuestros días y decidamos vivir de una manera que agrade a Jehová.

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