Tesoros de la Biblia | Semana del 22 al 28 de Diciembre
Discurso: “¿Cómo sería el Mesías?”
Imaginemos por un momento que vivimos en una época de incertidumbre. La gente busca líderes, soluciones y esperanza, pero muchas veces encuentra decepción. En ese contexto, Jehová inspiró profecías que no solo anunciaban la llegada del Mesías, sino que también describían qué clase de persona sería y qué tipo de gobierno ejercería. Hoy analizaremos tres rasgos clave que Isaías destaca en el capítulo 11:
- su origen, 2) su espíritu y temor de Dios, y 3) su manera de juzgar con justicia y misericordia.
1) Su origen: una “ramita” del tocón de Jesé
Isaías 11:1 dice: “Tiene que salir una ramita del tocón de Jesé; y procedente de sus raíces un brote será fructífero”. Cuando Isaías menciona un “tocón”, nos transmite una idea clara: un árbol que fue cortado parece muerto, sin futuro. Sin embargo, Jehová promete que de ese tocón saldría una “ramita”, un “brote”, algo vivo y con fruto.
¿Quién era Jesé? El padre del rey David. Y esta profecía indica que el Mesías vendría de esa línea familiar, es decir, sería descendiente de David. Esto armoniza con otras promesas que Jehová ya había dado: por ejemplo, que habría un gobernante ligado al linaje real y que Dios sostendría ese derecho de gobernar.
Ahora pensemos en el detalle hermoso: Isaías no describe al Mesías como un “cedro gigantesco” que impresiona por apariencia, sino como un brote. Esto nos enseña algo sobre Jehová y su forma de actuar: muchas veces, lo que Dios hace no empieza con espectáculo, sino con propósito. El Mesías no vendría como un líder ostentoso, sino como alguien que produciría “buen fruto”.
Y aquí entra una identificación muy significativa: el Mesías prometido es Jesús. Incluso, se explica que el término “Nazareno” relacionado con Jesús se vincula con la idea de “brote”, conectándolo con Isaías 11:1. Este detalle refuerza la coherencia entre las profecías y la vida de Jesús.
Así que el primer rasgo del Mesías es este: sería el heredero legítimo de la línea de David, pero además sería un líder que trae fruto real, no solo apariencia.
2) Su espíritu y su temor de Jehová: un gobernante diferente
Pasemos al segundo rasgo. Isaías 11:2, 3 describe lo que “se asentaría” sobre el Mesías: “el espíritu de Jehová, el espíritu de sabiduría y de entendimiento, el espíritu de consejo y de poderío, el espíritu de conocimiento y del temor de Jehová”.
Detengámonos aquí: el Mesías no sería guiado por capricho, por orgullo ni por impulsos. Sería guiado por el espíritu de Dios. ¿Y cómo se vio eso en Jesús? En el momento de su bautismo, se registra que el espíritu santo descendió sobre él, mostrando que Jehová lo estaba respaldando para su asignación.
Ahora, Isaías añade algo precioso: que el Mesías tendría “disfrute” en el temor de Jehová. Esto es importante porque a veces la palabra “temor” se malinterpreta. No se trata de vivir aterrorizado, sino de una reverencia amorosa, un respeto profundo que nos impulsa a hacer lo correcto. Se explica que este temor es saludable y produce gozo, porque orienta la vida y evita muchos dolores innecesarios.
Aquí podemos preguntarnos: ¿por qué esto es tan relevante para nosotros? Porque muchos gobernantes humanos han sido crueles, obstinados o indiferentes. Pero el Mesías sería distinto: tendría sabiduría, entendimiento, buen consejo, y poder para actuar, todo equilibrado por el temor respetuoso a Jehová.
Pensemos en una aplicación práctica: cuando enfrentamos decisiones difíciles, ¿qué nos hace más daño: no saber qué hacer, o decidir sin sabiduría? Isaías nos muestra que el Mesías no solo tiene poder, sino que lo usa con sabiduría. Eso nos ayuda a confiar en su liderazgo. Y también nos enseña a nosotros a pedir lo mismo: sabiduría, entendimiento, consejo y temor respetuoso a Dios, para actuar con equilibrio.
3) Un juez justo y misericordioso: no por apariencias
Llegamos al tercer rasgo: su forma de juzgar. Isaías 11:3-5 dice que no juzgaría “por la mera apariencia” ni solo por lo que oye; más bien, juzgaría con justicia y rectitud, y estaría “ceñido” de justicia y fidelidad.
Esto es impactante, porque vivimos en un mundo donde se juzga rápido: por rumores, por una frase sacada de contexto, por cómo alguien se viste, por su pasado, o por si cae bien o no. Pero el Mesías sería un juez que no se deja manipular, ni por riqueza, ni por reputación, ni por presiones. Su juicio sería limpio.
Y esto no solo describe una función futura; también nos enseña un principio para hoy: no decidir por prejuicios. Antes de concluir algo sobre una persona, vale la pena preguntar: “¿Tengo hechos? ¿He escuchado con calma? ¿Estoy viendo el corazón, o solo la fachada?”. La Biblia incluso recalca el valor de la “persona secreta del corazón”, lo interior, lo real.
Además, Isaías muestra que el Mesías protegería a quienes suelen ser ignorados: juzgaría con justicia a los desfavorecidos. Eso nos habla de misericordia y sensibilidad. En un mundo donde muchos solo defienden a quien les conviene, el Mesías sería un defensor del que no tiene voz.
Ahora bien, misericordia no significa tolerar la maldad. Isaías 11 también deja claro que el Mesías actuaría con firmeza contra quienes hacen daño. Eso protege la paz. La idea final no es castigar por castigar, sino limpiar lo que destruye la seguridad y la tranquilidad de la familia humana.
Conclusión: ¿Qué nos enseña hoy esta profecía?
Entonces, ¿cómo sería el Mesías?
Primero, tendría un origen claro: sería descendiente de Jesé por medio de David, y aun si la casa real parecía un “tocón”, Jehová haría salir un brote fructífero.
Segundo, sería guiado por el espíritu de Jehová: sabio, equilibrado, con entendimiento, buen consejo y poder, y con un temor de Dios que no es miedo, sino reverencia amorosa que produce gozo.
Tercero, sería un juez justo y misericordioso: no gobernaría por apariencias ni por rumores, sino con rectitud, defendiendo a los desfavorecidos y actuando con firmeza para proteger la paz.
Y ahora, una pregunta final para dejarnos pensando: si este es el tipo de Rey que Jehová prometió, ¿no vale la pena conocerlo mejor, confiar en su guía y aprender a reflejar, aunque sea en pequeña medida, esas mismas cualidades en nuestra vida diaria?
Que estas profecías fortalezcan nuestra confianza y nos ayuden a mirar el futuro con esperanza y serenidad.