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Conversación de revisita (Predicación pública) — 2 mujeres — aprox. 4 minutos
(Lugar: un banco en una plaza. La publicadora vuelve a ver a la persona con la que habló antes. Lleva su celular para usar jw.org.)
Laura: ¡Hola! ¿Elena, verdad? Soy Laura. Nos vimos la semana pasada aquí cerca, cuando me preguntaste algo que se me quedó grabado: “¿Por qué Dios permite el sufrimiento?”. ¿Te acuerdas?
Elena: Sí, claro. Me quedé pensando bastante… porque uno ve tantas cosas malas.
Laura: Te entiendo. Y gracias por volver a hablar conmigo. Como te dije, no quería darte una respuesta “de memoria”. Así que busqué un artículo en jw.org que responde justo esa pregunta. ¿Te muestro?
Elena: Ya… a ver.
Laura: (muestra el celular) Mira, aquí explica primero algo que a muchos les sorprende: Dios no causa el sufrimiento. No es el responsable de la guerra, el crimen, ni el maltrato; y tampoco es el causante de desastres naturales. Eso ya cambia mucho la idea que algunas personas tienen.
Elena: Entonces… ¿por qué lo permite?
Laura: Buena pregunta. El artículo lo va explicando paso a paso, pero en resumen: muchas cosas pasan por decisiones humanas, por la maldad, y porque vivimos en un mundo que no está gobernado por Dios. Por eso, aunque Dios tenga poder para detenerlo todo, ha permitido un tiempo para que se demuestre si los humanos pueden dirigir el mundo sin Él… y los resultados están a la vista.
Elena: Eso suena lógico, pero igual duele. A veces siento que no puedo con mi ansiedad.
Laura: Gracias por decirlo. Y me alegra que lo menciones, porque aquí hay otra sección muy práctica. En jw.org hay un artículo que usa Filipenses 4:6, 7, donde la Biblia anima a no dejarse dominar por la ansiedad y explica que la “paz de Dios” puede proteger el corazón y la mente.
Elena: ¿Pero eso cómo se aplica en la vida real?
Laura: Mira qué bonito lo explica: que si a nosotros nos importa algo, a Dios también le importa, y nos invita a hablar con él de nuestras cargas. No es una frase vacía; es una invitación a soltar el peso emocional en oración y buscar calma.
Elena: Me gusta que no suena a “todo se arregla mágicamente”.
Laura: Exacto. Es más bien un apoyo real para la mente y el corazón. Ahora, la vez pasada también te comenté que hay un curso bíblico. Pero tranquila: no quiero presionarte. Solo que, a veces, cuando alguien escucha “curso”, piensa en algo pesado o incómodo. ¿Te puedo mostrar un video cortito de jw.org que enseña cómo es en realidad?
Elena: Mmm… sí, pero corto.
Laura: (sonríe) Súper. (muestra el video “¿Qué ocurre en un curso bíblico?”) Mira, explica que es gratuito, se puede usar cualquier traducción de la Biblia, y es personalizado: se adapta a tus preguntas. No es una clase para regañarte; es para entender y aplicar la Biblia en la vida diaria.
Elena: Ah, pensé que era más rígido.
Laura: Para nada. Y aquí también dice algo que a muchos les da tranquilidad: no hay obligación, lo puedes dejar cuando quieras; y puede ser en persona o virtual, según te convenga.
Elena: Eso sí me da confianza… porque a veces no tengo tiempo fijo.
Laura: Totalmente. Entonces, ¿qué te parece si lo dejamos así? Esta semana, si quieres, lees ese artículo sobre por qué Dios permite el sufrimiento, y la próxima vez que nos crucemos me dices qué parte te hizo más sentido o qué duda te quedó. Y si te nace, vemos una lección breve del curso “Disfrute de la vida para siempre”, pero sin compromiso.
Elena: Me parece bien. Me gusta el enfoque. Gracias por volver con una respuesta.
Laura: Gracias a ti por ser sincera. Me alegra haberte encontrado. ¿Te parece si la próxima vez empezamos con esta pregunta: “¿Qué te gustaría que cambiara en el mundo para sentir más paz”?
Elena: Sí… esa pregunta me llega. Hasta la próxima, Laura.
Laura: Hasta la próxima, Elena. Cuídate.