Seamos Mejores Maestros | Discurso
Dios quiere que le oremos
Imaginemos por un momento a un niño pequeño que se siente preocupado o asustado. ¿Qué hace normalmente? Busca a sus padres y les habla con confianza. No usa palabras complicadas ni discursos largos; simplemente expresa lo que siente.
De una manera muy parecida, Dios quiere que le oremos.
La Biblia nos asegura que la oración no es un acto frío o distante. En Salmo 62:8 leemos:
“Derramen su corazón delante de él. Dios es nuestro refugio”.
Estas palabras nos muestran que Jehová no solo permite que le oremos, sino que desea que le abramos nuestro corazón.
Dios escucha a todos los que se le acercan
Otro texto muy reconfortante es Salmo 65:2, que dice:
“Oh, tú que escuchas la oración, a ti acudirá toda clase de personas”.
Esto nos enseña que Dios no pone barreras. No importa nuestra edad, nuestra situación o los errores del pasado. Jehová está dispuesto a escuchar.
Pensemos en un ejemplo sencillo. Cuando tenemos un problema con un servicio importante —como la electricidad o el agua— buscamos el número correcto y llamamos con confianza porque sabemos que alguien nos escuchará.
De manera mucho más significativa, Jehová siempre está “disponible”. No hay horarios, no hay líneas ocupadas. Podemos acudir a él en cualquier momento.
Podemos entregarle nuestras preocupaciones
A veces sentimos que los problemas son demasiado grandes: preocupaciones económicas, familiares, de salud o emocionales. Pero la Biblia nos anima con estas palabras en 1 Pedro 5:7:
“Echen sobre él todas sus inquietudes, porque él se interesa por ustedes”.
Este texto nos recuerda que no tenemos que cargar solos con nuestras preocupaciones.
Es como cuando llevamos una mochila muy pesada durante mucho tiempo. Al principio creemos que podemos soportarla, pero llega un momento en que necesitamos dejarla en el suelo o pedir ayuda. La oración es esa oportunidad de “descargar” el peso emocional que llevamos dentro.
Jesús enseñaba con ejemplos sencillos
Jesús fue el mejor Maestro que ha existido. La Biblia dice en Mateo 13:34, 35 que él enseñaba usando ejemplos para que la gente entendiera verdades profundas de manera sencilla.
Siguiendo su ejemplo, podemos comprender la oración como una conversación cercana, no como un discurso perfecto.
Jehová no espera palabras elegantes ni fórmulas especiales. Lo que valora es la sinceridad. Una oración puede ser tan simple como decir:
“Jehová, estoy cansado. Ayúdame”.
Eso ya es una oración valiosa.
¿Por qué es tan importante orar con regularidad?
La oración fortalece nuestra amistad con Dios. Igual que una amistad humana se debilita si no hay comunicación, nuestra relación con Jehová se fortalece cuando le hablamos con frecuencia.
Muchos que han puesto en práctica este consejo bíblico han comprobado que la oración les da paz interior, claridad mental y fuerzas para seguir adelante, aun cuando los problemas no desaparecen de inmediato.
Conclusión
En resumen, la Biblia nos enseña una verdad muy reconfortante:
Dios quiere que le oremos.
Quiere escucharnos, quiere que le contemos lo que sentimos y que confiemos en su interés y cariño por nosotros.
Si hacemos de la oración una parte habitual de nuestra vida, no solo hablaremos con Dios, sino que sentiremos su apoyo y cercanía cada día.