Uncategorized

Seamos Mejores Maestros | Empiece conversaciones

Conversación (2 mujeres) — aprox. 4 minutos
(Escenario: de casa en casa. La publicadora intenta empezar una conversación, pero se adapta a la preocupación de la persona.)

Claudia: (sonríe) Buenas tardes. Disculpe que la interrumpa. Soy Claudia. Estoy visitando a los vecinos con una pregunta breve: con tantas noticias y estrés, ¿qué cree usted que más necesita la gente hoy para estar en paz?

María: Hola… La verdad, paz. Pero siento que ya no hay. Y sinceramente, yo no soy religiosa… no creo mucho en Dios.

Claudia: Gracias por decírmelo tan claro. No se preocupe, no vengo a discutir ni a presionarla. (pausa) Yo venía pensando en compartir una idea de esperanza… pero lo que usted me dice es importante. ¿Le puedo preguntar algo? Cuando dice que no cree, ¿es porque le cuesta imaginar que Dios exista, o porque ha visto cosas duras y eso le quitó la confianza?

María: Más lo segundo. He pasado cosas… y veo injusticias. A veces pienso: “si hubiera un Dios, esto no pasaría”.

Claudia: Entiendo. Y lamento que haya pasado por eso. A muchos les ha tocado cargar con cosas muy pesadas. Mire, si le parece bien, en vez de hablar de religión, puedo compartirle algo práctico que a mí me ha ayudado cuando siento ansiedad o cuando no entiendo por qué pasan ciertas cosas. ¿Le sirve?

María: Sí… algo práctico sí.

Claudia: Bien. Hay un principio bíblico que me gusta porque no es una frase vacía. Está en Filipenses 4:6, 7. En resumen, anima a no dejarnos dominar por la angustia, sino a hablar con Dios de nuestras preocupaciones y así ganar calma interior. No lo digo como “solución mágica”, pero sí como un hábito que puede darle un poco de aire a la mente.

María: Ya… pero ahí otra vez es “hablar con Dios”. Si no estoy segura de creer…

Claudia: Muy buena observación. Y gracias por decirlo. Déjeme adaptarlo a lo que usted siente: incluso si alguien aún no está seguro, la Biblia también enseña formas de manejar la mente y el corazón. Por ejemplo, algo que recomienda mucho es expresar lo que uno carga, no guardarlo todo. Algunas personas lo hacen en oración; otras empiezan escribiendo lo que sienten, o hablando con alguien confiable. La idea es no dejar que el problema se quede encerrado y crezca.

María: Eso sí… porque cuando me lo guardo, me ahogo.

Claudia: Exacto. Y si le soy honesta, a veces la fe empieza así: no con respuestas a todo, sino con un paso pequeño que trae alivio. (pausa) Le hago otra pregunta breve: si hoy pudiera recibir una sola ayuda, ¿qué le gustaría más: dormir mejor, sentir menos ansiedad, o recuperar esperanza en el futuro?

María: Dormir mejor… mi cabeza no para.

Claudia: Gracias. Entonces, si usted me lo permite, en otra visita podría compartirle un pensamiento corto que muchas personas usan antes de dormir para calmar la mente, y también un texto sobre cómo Dios ve a los que están destrozados por dentro, como Salmo 34:18. No tiene que “ser religiosa” para que le haga bien leerlo y reflexionarlo.

María: Eso suena… respetuoso. Me gusta que no vienes a juzgar.

Claudia: Me alegra que lo sienta así. De hecho, se nos anima a escuchar primero lo que le preocupa a la persona, porque cada quien vive cosas distintas.
¿Le parece si vuelvo otro día a una hora que le convenga y lo vemos en dos o tres minutos, sin compromiso?

María: Sí, podría ser. Por la tarde, cuando ya estoy más tranquila.

Claudia: Perfecto, María. Gracias por su tiempo y por hablar con franqueza. De verdad espero que hoy pueda descansar un poquito mejor. Nos vemos entonces.

María: Gracias, Claudia. Hasta luego.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *