Seamos Mejores Maestros | Haga discípulos
Conversación (2 mujeres) — “Haga discípulos” — aprox. 5 minutos
(Escenario: en una casa. La publicadora está ayudando a su estudiante a prepararse para predicar de casa en casa. Usa lo que la estudiante ya sabe para introducir una idea nueva.)
Ana: Hola, Sofía. Qué gusto verte. ¿Cómo te fue esta semana con la lectura?
Sofía: Bien… me gustó, pero igual me da nervios pensar en salir a predicar de casa en casa contigo.
Ana: Es normal. A muchos nos pasó al principio. Mira, hoy no vamos a complicarlo. La idea es prepararte con algo corto y claro, y que uses lo que ya sabes. ¿Te parece?
Sofía: Sí, eso me tranquiliza.
Ana: Perfecto. Antes de hablar de “cómo tocar puertas”, repasemos algo que ya aprendiste y que te salió muy bien la vez pasada. Cuando hablamos de qué pasa cuando morimos, ¿qué te quedó más claro?
Sofía: Que la persona no está sufriendo en otro lugar… que está como dormida, sin conciencia.
Ana: Exacto. Esa idea de la Biblia ayuda mucho, porque quita miedos que cargan muchas personas. Ahora, con esa base, hoy quiero que entendamos una enseñanza nueva que se relaciona con eso: la resurrección. Es decir, que Dios puede devolver la vida a quienes han muerto.
Sofía: ¿Y cómo explico eso sin sonar rara?
Ana: Muy buena pregunta. Lo haremos simple: primero conectas con lo que la persona ya siente —porque casi todos extrañan a alguien— y luego usas un texto breve. Mira, si alguien te dice: “Yo perdí a mi mamá” o “extraño a mi papá”, tú puedes responder con empatía y después decir: “La Biblia compara la muerte con un sueño, y por eso también habla de despertarlos”. Así no lo lanzas de golpe; lo conectas con algo que ya entiende.
Sofía: Ah… o sea, si no hay conciencia, tiene sentido que se pueda “despertar”.
Ana: Justo. Estás usando lo que ya sabes para entender lo nuevo. Y ahora pasemos a la parte práctica: casa en casa. No vamos a memorizar discursos. Solo una conversación natural de 20 a 30 segundos.
Sofía: Ok, ¿cómo sería?
Ana: Imagina que alguien abre la puerta. Tú sonríes y dices algo como:
“Hola, buenas tardes. Me llamo Sofía. Estoy haciendo una pregunta breve a los vecinos: cuando perdemos a un ser querido, ¿cree que alguna vez volveremos a verlo?”
Luego te callas y escuchas.
Sofía: Y si la persona dice: “No, eso no existe”.
Ana: Excelente, ahí no discutes. Le dices:
“Entiendo, mucha gente lo siente así. Solo quería compartirle una idea corta que a algunos les ha dado esperanza. La Biblia compara la muerte con un sueño, y por eso habla de despertarlos. ¿Le gustaría leer un solo versículo?”
Si te dice sí, lo lees. Si te dice no, le agradeces y te vas con respeto.
Sofía: Eso suena más fácil. Me da miedo que me hagan una pregunta y no sepa.
Ana: Me encanta que lo digas. Mira, no tienes que saberlo todo. Puedes responder con honestidad:
“Esa es una buena pregunta. ¿Le parece si la anoto y vuelvo con una respuesta basada en la Biblia?”
Eso muestra humildad y, además, abre la puerta a una revisita.
Sofía: Y si la persona está apurada…
Ana: Te adaptas. Dices:
“Entiendo, no le quito tiempo. Solo le dejo esta idea: Dios promete un futuro donde la muerte no será permanente. Gracias, que tenga un buen día.”
La clave es ser amable y breve.
Sofía: Me gusta. ¿Y qué hago si me pongo nerviosa al hablar?
Ana: Vamos por pasos. Hoy, tu meta no es “hablar perfecto”. Tu meta es:
- Sonreír,
- hacer una pregunta sencilla,
- escuchar,
y 4) ofrecer un texto breve si la persona quiere.
Y si te trabas, estoy contigo. Yo puedo continuar la conversación.
Sofía: Gracias… así sí me animo.
Ana: Buenísimo. Entonces hagamos un ensayo rápido. Yo seré la vecina. Tú empiezas.
Sofía: (respira) “Hola, buenas tardes… soy Sofía. Una pregunta breve: cuando perdemos a alguien que amamos, ¿cree que volveremos a verlo?”
Ana: ¡Muy bien! Sonó natural y respetuoso. Eso es exactamente lo que buscamos. Esta semana salimos juntas, y tú eliges si solo observas primero o si dices esa frase una vez. ¿Qué prefieres?
Sofía: Quiero intentarlo una vez… y si me bloqueo, me ayudas.
Ana: Trato hecho. Vamos juntas, paso a paso.