
Últimamente escuchamos con frecuencia hablar sobre el valor y la confianza en Jehová. Quien se reúna con los testigos de Jehová notará que, tanto en las reuniones de entresemana como en los análisis de La Atalaya del fin de semana, este tema aparece una y otra vez. ¿Por qué es tan necesario hablar de valentía y confianza en Dios en nuestros días?
La realidad es reveladora: mientras muchos nos congregamos con libertad, más de 284 testigos de Jehová se encuentran actualmente en prisión, no por haber cometido ningún delito, sino porque están privados de su libertad por su fe. A la mayoría nos resulta difícil imaginar algo así, pero es posible que, ahora mismo o recientemente, estemos atravesando situaciones que también exigen que seamos valientes.
Las pruebas que ponen a prueba nuestro valor

Quizás no enfrentamos persecución directa, pero sí luchamos contra una enfermedad propia, de un familiar o de un amigo. Otros atraviesan problemas económicos: un revés inesperado, la lucha por llegar a fin de mes, o la dificultad de conseguir una vivienda digna. Para muchos, la prueba tiene un componente emocional, como la depresión o la ansiedad, o se relaciona con debilidades del pasado que suponen una pesada mochila difícil de soltar. También está el dolor de quienes recientemente han perdido a un ser querido. Frente a cualquiera de estas situaciones llegamos a una misma conclusión: por nosotros mismos no somos capaces de soportarlas ni superarlas.
La clave bíblica para tener valor: confiar en Jehová

La clave nos la da la Biblia en Proverbios 3:5 y 6: «Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento. Tómalo en cuenta en todos tus caminos y él hará rectas tus sendas.» Estas palabras nos invitan a confiar en Jehová plenamente, a cambio de lo cual él hará rectas nuestras sendas, es decir, que nos irá bien. El texto nos anima a pensar que nuestra forma de hacer las cosas nunca será mejor que la que Jehová nos sugiere para afrontar los problemas.
El ejemplo de Noé: valentía ante un mundo violento

¿Existen precedentes bíblicos de que confiar en Jehová sea igual a que nos vaya bien? Hablemos de Noé. Él vivía en un mundo que iba de mal en peor, donde la violencia estaba por todas partes: unos ángeles inicuos habían bajado a la tierra, se habían casado con mujeres y habían tenido como hijos a los nefilim, seres grandes y fuertes, pero malvados, cuyo nombre significa literalmente «derribadores». Ante esto, Jehová decidió acabar con esa sociedad malvada mediante un diluvio y pidió a Noé que construyera un arca de unos 130 metros de largo, 22 de ancho y 13 de alto, una superficie comparable a la de un campo de fútbol profesional.
Según 2 Pedro 2:5, Noé fue conocido como «predicador de justicia». Dedicó las siguientes décadas, tal vez cerca de 50 años, a construir el arca y a predicar acerca del diluvio a sus vecinos. El resultado de su valentía fue que salvó su propia vida y la de su familia.
Otros ejemplos de valor: Moisés, David, Daniel y Jesucristo

La Biblia registra otros ejemplos de siervos fieles del pasado que fueron valientes. Moisés declaró un mensaje de castigo ante el faraón, el hombre más poderoso de la época. David y Daniel, siendo muy jóvenes, defendieron sus creencias ante quienes no las compartían. Y Jesucristo no se acobardó ni ante Satanás ni ante los fariseos y líderes religiosos de su tiempo. Ver el ejemplo de estos siervos fieles, aunque hayamos visto solo unos pocos, nos da confianza de que también nosotros, como humanos, podemos ser valientes.
Cinco razones sólidas para confiar en Jehová
Jehová nos da muchas más razones para confiar en él sin reservas.
Primera razón: el ejemplo de siervos fieles del pasado, como ya hemos visto con Noé, Moisés, David, Daniel y Jesucristo.

Segunda razón: la evidencia de la creación. El Salmo 19:1 y 2 declara: «Los cielos declaran la gloria de Dios, las alturas proclaman la obra de sus manos, día tras día brotan sus palabras y noche tras noche ellos revelan conocimiento.» Ver el cielo estrellado, que ya maravillaba al salmista David, nos da prueba evidente de la gloria de Jehová y de cualidades como su poder y su sabiduría. Pocas veces nos preguntamos si hoy saldrá el sol, porque lo damos por sentado; sin embargo, fenómenos como un eclipse solar, cuya hora exacta y duración puede predecirse al segundo, nos llevan a la conclusión de que el universo nos da confianza porque detrás de él está un Dios sabio, poderoso, exacto y de orden.
Tercera razón: el rescate y la resurrección de Jesucristo. Según Mateo 20:28, «el Hijo del Hombre no vino para que le sirvieran, sino para servir a los demás y para dar su vida como rescate a cambio de muchas personas.» Jehová estuvo dispuesto a enviar a su Hijo a la tierra para que viéramos un adelanto de su capacidad de devolver la vida a quienes la han perdido y de rescatarnos de la imperfección heredada del primer hombre. La resurrección no formaba parte del propósito original de Dios, pues no se nos creó para enfermar y morir, sino para vivir eternamente. Que Jehová haya adaptado su propósito y provisto la resurrección demuestra cuánto nos ama.

Cuarta razón: el cumplimiento de las profecías bíblicas. Isaías 60:22 predijo: «El pequeño llegará a ser mil y el insignificante una nación poderosa. Yo, Jehová, lo aceleraré a su tiempo.» Esta profecía anunciaba que en los últimos días una hermandad internacional abrazaría la adoración pura en el figurativo templo espiritual. Nunca antes tantas personas en el mundo habían abrazado la auténtica forma de adorar a Jehová, encontrando respuestas a preguntas como dónde están los muertos, cómo ser felices, o qué propósito tiene Dios para la Tierra.

Quinta razón: el valor de testigos de Jehová contemporáneos. Uno de los relatos más impactantes de la historia moderna, incluso para quienes no comparten esta fe, es el de los testigos de Jehová que soportaron persecución en los campos de concentración de la Alemania nazi. Aproximadamente 4.200 testigos de Jehová, entonces conocidos como estudiantes de la Biblia, fueron recluidos en estos campos por defender su fe, y unos 1.490 perdieron la vida.
El testimonio de Sachsenhausen
Su postura firme cumplió las palabras que Jesús ya había predicho en Mateo 5:11,12 y Mateo 24:9, donde advirtió que sus discípulos serían insultados, perseguidos y odiados por todas las naciones por causa de su nombre. Relatos como el de un prisionero llamado Ernest describen la dureza del campo de Sachsenhausen, cuya entrada tenía un letrero que decía «El trabajo os hará libres». Los nuevos prisioneros eran rapados y vestidos con un traje a rayas con un triángulo púrpura que los identificaba como estudiantes de la Biblia, obligados a permanecer de pie largas horas con poco alimento. Entre ellos existía un código no escrito: si un hermano veía a otro a la distancia y le asentía con firmeza, era una forma silenciosa de decir «yo voy a ser leal, yo confío en Jehová».
El 20 de abril de 1945 se les obligó a iniciar la llamada «Marcha de la Muerte» hacia la costa. De los 26.000 prisioneros que partieron de Sachsenhausen, 11.000 murieron antes de llegar. Sin embargo, de los 230 estudiantes de la Biblia de seis nacionalidades que salieron del campo, todos permanecieron con vida. Su ejemplo demuestra que el poder para resistir no proviene de las fuerzas humanas, sino de Jehová, tal como también lo experimentó el apóstol Pablo, quien escribió desde prisión a los filipenses que sus propias cadenas habían dado a otros hermanos «más valor para hablar de la palabra de Dios sin temor» (Filipenses 1:13,14).
Valor y confianza en la actualidad
¿Qué hay de nosotros hoy, décadas después? Cristo ya nos advirtió que los cristianos padeceríamos persecución. De hecho, hermanos nuestros sufren persecución religiosa directa en Rusia, Eritrea y otros países de África y Asia, y muchos testigos de Jehová sufren por los conflictos bélicos en Oriente Medio, Asia y Ucrania. Pero a la mayoría nos tocará demostrar valor y confianza de otras maneras: enfrentando una enfermedad crónica, una depresión, o un desastre natural inesperado, como los ocurridos recientemente en Colombia y Venezuela. Nadie está exento.
Existen personas que consideran que se demuestra valor protestando, involucrándose en política o trabajando en ONG contra las desigualdades. Reconocemos el mérito de quienes actúan así pensando en mejorar el mundo. Sin embargo, los testigos de Jehová entendemos que no nos corresponde a nosotros luchar contra las desigualdades, sino a Jehová, quien tiene todo el derecho y todo el poder para hacerlo. Por eso se nos conoce como un pueblo sumiso, humilde y modesto, que lleva una vida tranquila y pacífica dedicada a hablar a los demás acerca de nuestra esperanza cristiana.
¿Por qué predican los testigos de Jehová?
La respuesta la da el apóstol Pablo en 1 Timoteo 2:3 y 4: «Esto es bueno y agradable a los ojos de nuestro Salvador, Dios, pues su voluntad es que toda clase de personas se salven y lleguen a tener un conocimiento exacto de la verdad.» Predicamos porque esto agrada a Jehová y porque él desea que las personas conozcan el mensaje de salvación, independientemente de su cultura, edad, procedencia o nivel social.
Conclusión: la decisión de ser valientes
Hemos analizado varias razones sólidas para estar convencidos de que podemos ser valientes: el ejemplo de siervos fieles del pasado, la evidencia de la creación, el amor de Jehová reflejado en el rescate y la resurrección de Jesús, el cumplimiento incuestionable de las profecías bíblicas y el testimonio de miles de testigos de Jehová que se enfrentaron a la persecución directa y permanecieron firmes. Ser valiente y confiar en Jehová no es un sentimiento pasajero, sino una elección que podemos tomar cada día. Hoy, más que nunca, tenemos razones sólidas para saber que es el momento de ser valientes y de confiar en nuestro Dios.


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